La Nación – Teatro

Sábado, 31 de diciembre de 2011

THRILLER

Extraños en un tren

Excelentes actuaciones en esta obra inspirada en una película de Hitchcock


Libro : Craig Warner. Interpretes : Gabriel Goity, Ludovico Di Santo, Pompeyo Audivert, Martina Gusmán, Alejo García Pintos, Adriana Aizenberg y Francisco Ruíz Barletti.Iluminación : Gonzalo Cordoba. Vestuario : Pablo Battaglia. Escenografía : Jorge Ferrari. Música: Martín Bianchedi. Dirección : Manuel González Gil. Teatro : Güemes, Mar del Plata.

Nuestra opinión: muy buena

 

MAR DEL PLATA.- Al productor Javier Faroni le encanta llevar a escena versiones de famosas películas. Y Manuel González Gil, quien ya abrazó con mano maestra la esencia Hitchcock en Los 39 escalones -que dicho sea de paso volvió a Mar del Plata también al Güemes-, era la persona exacta para dirigir Extraños en un tren, una de las obras maestras del famoso director británico.

Bruno y Paul son dos desconocidos que se encuentran por casualidad en el bar de un tren. Allí entablan un diálogo que los lleva a revelar cuestiones personales que, a su vez, los derivan a un pacto siniestro. Ese hecho, los hace retomar ese eventual vínculo para transformarlo en una pesadilla para uno y una obsesión para el otro. Extraños en un tren es un perfecto thriller, en el que no faltan chispazos de humor y momentos de gran tensión.

González Gil hizo un inteligente trabajo de contraste entre escenas opuestas, en las que no sólo se mantiene intacta la intriga, el suspenso y la ironía de Hitchcock, sino que logró hurgar en las tripas de la historia. En este montaje, se acentuó el deseo sexual existente entre los dos protagonistas -algo que en el film sólo estaba sugerido sutilmente-, convertido en obsesión enfermiza desde la figura de Bruno. Asimismo, el traslado de la pantalla al escenario es exacto, con una trama bien articulada a partir de una exquisita y sutil escena madre en el principio, y un hábil entramado en el resto de la obra. El director logró el tiempo exacto y una distribución espacial artesanal. En esto tuvo tres socios magníficos: Jorge Ferrari, en la escenografía; Martín Bianchedi, en la música, y Gonzalo Córdova, en las luces. El diseño escenográfico de Ferrari es una perfecta síntesis de los múltiples ámbitos en que se mueven los personajes, en un decorado donde el hierro, el remache y el ladrillo negro denotan estación de tren. Todo bajo un diseño en blanco y negro que se complementa con un el vestuario de Pablo Battaglia.

Martín Bianchedi vuelve a dejar en claro que es uno de los mejores músicos teatrales. Así como lo hizo en Misery o en Los 39 escalones , demuestra ser el perfecto intérprete de este traslado de la pantalla al escenario. Su partitura contiene dramaturgia, suma intensidad y es esencial a la hora de crear climas y marcos; en muchos momentos, se vuelve protagonista. También tuvo un socio perfecto en el sonido (Juan Manuel Lascano). Por su parte, Gonzalo Córdova hizo esencial su diseño de luces.

En materia interpretativa, el verdadero timón de la obra es Gabriel Goity. Hace un gran trabajo en su retrato perfecto de ese gentleman simpático, calculador y obsesivo que es Bruno. Una de sus mejores composiciones. Tiene un hábil partenaire en Ludovico Di Santo, como el arquitecto acosado, que transita con intensidad desde la simpatía hasta la desesperación. Por su parte, Pompeyo Audivert realiza una composición magistral como el detective que busca respuestas. Su personaje hace reír a la platea, al tiempo que escarba en las acciones y el alma de los dos protagonistas hasta arribar a una arista de su personalidad, que puede dar miedo. Un paréntesis: es interesante que de una vez por todas los productores del circuito comercial se fijen en grandes actores, como Audivert, que suelen transitar sólo la escena oficial o la alternativa.

Alejo García Pintos es un gran actor, así que vuelve adorable a ese amigo fiel de Paul; Adriana Aizenberg resuelve con talento y oficio el papel de la madre del acosador, y Francisco Ruiz Barlett se muestra correcto en dos papeles menores. Hay un problema en este montaje y está en la actuación de Martina Gusman, como la novia de Paul. Hábil en la pantalla grande, se muestra perdida en el escenario en una composición superficial y lavada que choca con el resto de los trabajos.

Salvo por ese lunar, Extraños en un tren es un interesante e intenso ensamblaje.

 

Pablo Gorlero

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