La Nación

El desafío de ser Rodolfo Walsh

Alejo García Pintos interpreta el escritor en el estreno de hoy del Cervantes

Jueves 05 de noviembre de 2009 | Publicado en edición impresa


El desafío de ser Rodolfo Walsh   

 En la obra Rodolfo Walsh y Gardel, Alejo García Pintos se las arregla solito en escena.  / Andrés Blasina



La convulsionada década del 70 asoma en escena a través de uno de los intelectuales más importantes de la Argentina de aquella época, Rodolfo Walsh. El texto pertenece a David Viñas y el Teatro Nacional Cervantes lo rescata con la intención de homenajear a ambos.

La pieza se llama Rodolfo Walsh y Gardel y, en 1993, tuvo un estreno frustrado. Dirigida por Emilio Alfaro, subió a escena con interpretación de Jorge Mayor, en la Fundación Banco Patricios. Una amenaza de bomba hizo que el espectáculo sólo se viera en una única función.

Ahora el material se recupera y, según cuenta su nuevo protagonista, Alejo García Pintos, “los comentarios que aparecieron en las funciones de preestreno fueron contundentes: la obra es un mazazo, es como un pantallazo de lo que fue aquella época”.

La dirección del espectáculo está a cargo de Jorge Graciosi, quien coincide con el intérprete en que, en verdad, “si bien el personaje central es Rodolfo Walsh, también podría ser cualquier persona de esa generación, comprometida con un proyecto de país y que sufrió amenazas, persecuciones y hasta perdió la vida”.

En escena se muestra la última hora de vida del escritor y periodista, antes de que las fuerzas militares lo maten. “La obra es netamente ficcional -cuenta García Pintos-. Viñas concibió un Walsh desde su cabeza. Ellos fueron amigos, compartieron muchas reuniones en la casa que Walsh tenía en Tigre, pero aquí trastoca algunas cuestiones para meternos en el juego del teatro”.

Y ese juego del teatro a García Pintos, al comienzo, le provocó cierto miedo. Porque, precisamente, se trata de un unipersonal; un género que nunca había interpretado. “Es un mundo totalmente distinto al que estaba acostumbrado a transitar -dice el actor-. Los monólogos, en general, cuando los lees, son muy poco teatrales. Ahí allí todo un mundo por descubrir. El estreno es un abismo muy distinto al que sentís cuando compartís una obra con compañeros, porque están las miradas de ellos, las respiraciones. Y acá nadie te acompaña. Sólo el público, y lo tenés que ir ganando solito”.

Pero si de abismos se trata, Alejo García Pintos está muy acostumbrado a algunos. Como integrante del elenco de Floricienta, actuó en el estadio de Vélez Sarsfield, frente a 40.000 personas. También hizo funciones de Casi ángeles en el Gran Rex, ante 3500 adolescentes -“le agradezco a Cris Morena que me haya permitido sentirme en ese teatro como Mick Jagger”-. Su personaje, una especie de villano delirante cuyas maldades a veces promovían el humor, andaba por la escena en unas secuencias de stand up que disfrutaba enormemente.

Pero fuera de esas experiencias, la propuesta que hoy lo ocupa le produce también cierta conmoción. Nació y creció en La Plata “una ciudad muy politizada y combativa y recuerdo lo que significaba vivir el terror”. Y hay más, su primer protagónico fue al encarnar a Pablo Díaz en la película La noche de los lápices , una producción que mostraba un hecho real, que sucedió en esa misma ciudad y que involucraba a un grupo de jóvenes estudiantes secundarios.

La memoria de Alejo García Pintos parecería no querer separarse de aquellos tiempos. Distintos personajes lo obligan a construir una y otra vez su historia y, sin dudas, la de todos los argentinos.

Rodolfo Walsh y Gardel, dirigida por Jorge Graciosi.

Carlos Pacheco 

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