Clarín

El sonido y la furia

Rodolfo Walsh y Gardel: un texto de David Viñas que interpreta Alejo García Pintos.

El lúcido final de un hombre solo.


foto: Eduardo Slusarczuk


A FONDO  TRABAJÓ CINCO MESES PARA DARLE VOZ AL PERSONAJE.
QUE ES WALSH PERO TAMBIÉN CUALQUIER OTRO PERSEGUIDO POLÍTICO.



Triunfo, ustedes. Y yo, los que pensamos como yo, derrota.” Por enésima vez, el personaje llena de pasos el lugar mientras habla. Una mesa. Arriba, una máquina de escribir. Más atrás, una cama. Libros. Muchos libros: es de lo que más hay. Una pala, un rastrillo, un balde. Y palabras. “.Yo les hablo y yo les escribo desde mi miedo, sí, arrinconado y no me queda otra. Yo rata. Ustedes águilas.”, sigue. Además está el canario. Ahí, en la jaula, sobre el armario. Pero es mudo. Así que nadie más que el personaje, el único, habla ahí. Sin embargo, las voces que se escuchan son muchas.

A Rodolfo, el protagonista de la historia, David Viñas, su autor, le puso Walsh de apellido. Al pájaro, que no lo pensó zorzal, Gardel. Nombres propios que Alejo García Pintos propone alejar del periodista y el cantor. No del todo, claro. “Por algo la obra se llama Rodolfo Walsh y Gardel”, dice el actor. “Pero además -propone- podría ser cualquier otro hombre o mujer comprometido con un proyecto de país distinto, como sucedía con los militantes de los ’70.”

Casi en penumbras, el personaje habla. “Poder ustedes, derrota yo. Caníbales. Asesinos, ustedes; yo, nada más que Rodolfo.” En escena, la última hora de la vida de Rodolfo se agota. Una hora. Lo que dura la obra que. en 1993. tuvo debut y despedida por obra y gracia de amenazas poco graciosas. De eso se trata el texto que Viñas escribió con forma de monólogo, y que, desde este fin de semana, García Pintos representa en el Salón Dorado del Teatro Nacional Cervantes. De contar la última hora de vida de Rodolfo.

“Me vienen a buscar. ¡Qué puntuales!”, dice el personaje con una mueca por sonrisa. “¡Muy bien, caníbales!… Ya bajo.”, sigue. “Cuando me acercaron el texto, la primera duda que surgió era si se trataba de una ficción o si tenía datos concretos sobre Walsh. Y corroboramos con Viñas que era un producto de su imaginación. Eso me dio mayor libertad para componer el personaje”, explica García Pintos.

Sin embargo.

Sin embargo nos apoyamos en su figura. Buscamos algunos elementos reconocibles, como los anteojos. Y hay datos, que si bien no se mencionan explícitamente, están. Se habla de los desaparecidos, de Monseñor Angelelli, y de la persecución desde el poder y desde el terror de la dictadura para con los militantes y personas comprometidas políticamente en esa época. “.el poder y el triunfo sí, sí, sí, para ustedes es eso: carnaval y terror.”, acusa Rodolfo. Y va, y viene. Habla por teléfono con su “querida”. “Esperaba que llamaras.sí. para ver si hay alguna posibilidad. para mí.” La cuenta regresiva comienza. Y Rodolfo habla más y más. Con Gardel. Con “ellos”. “¿Qué ya vienen?… ¡vengan, hijos de puta!”, grita.

Cinco meses cuenta García Pintos que invirtió, bajo la dirección de Jorge Graciosi, en trabajar la teatralidad del monólogo. Tarea que incluyó lecturas del Walsh verdadero y sobre él, charlas con Hernán Invernizzi, quien trabajó con el autor de Operación Masacre, y con María Seoane. “Pero -insiste- nunca subrayamos ni pretendemos que esta es la vida de Walsh. No porque no haya sido así. Sino porque creemos que merece que se amplíe a una generación, más que a una persona.”

“Te amo Rodolfo. seguí escribiendo así Rodolfo. vos decís lo que nosotros sentimos, Rodolfo. mi hijo se llama Rodolfo por vos”. Yo: Rodolfo. yo, tipazo.”, declama el personaje después de canturrear que “los amigos ya no vienen”. Grita Rodolfo. Grita García Pintos. Se agita, el personaje. Se agita García Pintos.

“Es una obra para ponerle el cuerpo”, decía el actor, en el camarín, un par de horas antes de convertirse en el Walsh que David Viñas inventó con la mirada puesta en el que conoció antes de que llegaran, en aquel tiempo, los “caníbales”. «

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